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Celebraciones de esperanza: comunidades en Ecuador honran a sus ranas arlequín

  • Atelopus Survival Initiative
  • 5 dic 2025
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: hace 3 horas

En 2025, tres celebraciones reunieron a comunidades enteras en distintos puntos de Ecuador para honrar a algunas de las especies de anfibios más emblemáticas del país: el Jambato (Atelopus ignescens) en Angamarca, el Jambato del Azuay (A. bomolochos) en Chordeleg, Azuay, y la rana arlequín del Río Faisanes (A. coynei) en San Jacinto, Carchi. Con música, danza, comida, arte, juegos y las voces alegres de niñas, niños y jóvenes, estos eventos demostraron cuánto valoran las comunidades a las especies que comparten sus paisajes y cómo la cultura y la conservación pueden caminar verdaderamente de la mano.



Día del Jambato en Angamarca: un desfile para una leyenda de los Andes


El 25 de abril de 2025, las calles de Angamarca se llenaron de tambores, risas y más de 500 personas celebrando a una especie que alguna vez se temió perdida para siempre. El icónico Jambato, negro y anaranjado como una brasa encendida, desapareció de los registros científicos por casi tres décadas.


Su inesperado redescubrimiento en 2016 se convirtió en un símbolo de esperanza para Ecuador y para la conservación de los anfibios a nivel mundial. Hoy, el Jambato vuelve a formar parte de la vida comunitaria, no como un habitante común de los páramos, sino como un recordatorio querido de resiliencia. Por tercer año consecutivo, Angamarca celebró la declaratoria de esta especie como un emblema local.


Una celebración enraizada en la comunidad


Alianza Jambato, miembro de la Iniciativa de Supervivencia Atelopus (ASI), organizó la celebración junto con los gobiernos locales, las escuelas y las propias comunidades. El día comenzó con un colorido desfile encabezado por una banda local. Las niñas y los niños marcharon con orgullo por el pueblo con carteles pintados a mano y arte inspirado en el Jambato, mientras las personas aplaudían y bailaban desde las aceras y como parte de la comparsa. Los colores del Jambato, antes casi olvidados, aparecieron por todos lados: en disfraces, máscaras, pancartas y rostros pintados.


Después del desfile, la comunidad se reunió en el auditorio local para un festival de creatividad. Estudiantes cantaron, bailaron, recitaron poemas y presentaron dibujos dedicados a su “amigo negro y anaranjado”. Cada presentación honró al Jambato no solo como un animal icónico, sino como parte de su historia y de su identidad cultural.



Más que un festival: construyendo un futuro para el Jambato


Un día antes de la celebración, conservacionistas, comunidades, investigadores, representantes de gobierno y autoridades locales se reunieron en un taller para construir el primer Plan de Acción para la Conservación de esta especie, que se encuentra En Peligro Crítico.


El momento no fue casual: las decisiones de conservación se estaban tomando con la comunidad, no al margen de ella. Juntos, el desfile y el taller reflejaron una verdad compartida: salvar al Jambato no es solo un desafío científico, también es un proceso cultural que depende del orgullo local, la participación y la memoria.


“Un canto por el Jambato del Azuay”: una feria cultural para Atelopus bomolochos


Solo dos días después, el 27 de abril de 2025, otra celebración tuvo lugar en Chordeleg, Azuay, esta vez dedicada al Jambato del Azuay (A. bomolochos), una joya verde esmeralda y dorada de los Andes del sur.


La Primera Feria Artesanal y Cultural “Un canto por el Jambato” recibió alrededor de 500 visitantes desde la mañana hasta la tarde. El evento fue organizado por los miembros de la ASI, Fundación Amaru y Cordillera Tropical, con el apoyo de autoridades locales y organizaciones comunitarias.

 

Una feria que unió tradición, creatividad y conservación


Bajo carpas coloridas, 39 artesanas, artesanos y emprendedores locales ofrecieron productos que celebraron la identidad de la región y el encanto único del Jambato del Azuay.


La feria incluyó artesanías tradicionales: macanas tejidas en telar, joyería en filigrana, alfarería, sombreros de paja toquilla, cuadros pintados y plantas ornamentales, junto a productos educativos como camisetas, buffs, stickers, máscaras y sellos con la imagen de la especie. La gastronomía también fue parte esencial de la fiesta: cervezas artesanales de edición especial, postres tradicionales y otros productos locales vincularon la cocina con la biodiversidad y el desarrollo sostenible.


Durante toda la jornada, familias disfrutaron de música en vivo, danzas folklóricas, ballet, juegos infantiles, concursos de pintura, charlas científicas, globoflexia y presentaciones artísticas. Se convirtió en un espacio donde las personas aprendieron sobre especies amenazadas, las y los artesanos fortalecieron sus medios de vida y las organizaciones de conservación encontraron nuevos aliados en la comunidad.



Por qué esta feria es importante


El Jambato del Azuay vive en un rango altoandino muy restringido, y su supervivencia depende de la salud de ríos, bosques y páramos. Al celebrar a la especie a través del arte, la cultura y oportunidades económicas, el evento ayudó a posicionar a A. bomolochos como un símbolo de identidad local, no solo como una especie en peligro.


La feria también fortaleció alianzas entre gobiernos, universidades, fundaciones y organizaciones locales, que ya se están convirtiendo en la base de esfuerzos de conservación a largo plazo en la región.


El Festival de los Anfibios de San Jacinto: donde cultura, juventud y naturaleza se encuentran


En el norte del Ecuador, provincia de Carchi, en la comunidad de San Jacinto, otra poderosa celebración tuvo lugar los días 27 y 28 de junio de 2025. El Festival de los Anfibios de San Jacinto reunió a alrededor de 250 personas, entre habitantes locales, personas de comunidades cercanas, turistas y estudiantes universitarios, durante dos días para celebrar a sus ranas arlequín (Atelopus coynei y A. aff. longirostris) y a otras especies locales de anfibios a través de la cultura, la educación, el ecoturismo y el liderazgo juvenil.


Cultura, educación y comunidad en acción


El festival incluyó un tradicional trueque para promover la agricultura agroecológica, obras de títeres y teatro creadas por niñas y niños, presentaciones de músicos y bailarines locales, y una variedad de concursos, como fotografía de naturaleza para adolescentes y pintura de anfibios para los más pequeños. Las asociaciones locales también participaron en un concurso de comida tradicional enfocado en recetas saludables, locales y orgánicas; charlas educativas sobre conservación y agricultura sostenible; un campeonato comunitario de fútbol; y actividades de ecoturismo, como una salida nocturna para observar anfibios y una caminata de avistamiento de aves a la madrugada.


La juventud en el corazón de la conservación


Uno de los resultados más inspiradores del festival fue la participación activa de las y los adolescentes del lugar. Muchas veces excluidos de este tipo de eventos, esta vez ayudaron a organizar actividades, guiaron a los visitantes, elaboraron señalética ambiental y actuaron como anfitriones. Su participación no terminó con el festival: ahora están más involucrados en las iniciativas de conservación y han formado un club ecológico para seguir trabajando juntos.



Un festival de esperanza para una rana En Peligro Crítico


El festival fue organizado por el Centro Jambatu, miembro de la ASI, y la comunidad de San Jacinto, junto con el apoyo de las asociaciones locales, escuelas, gobiernos locales (parroquial, municipal y provincial) y otras organizaciones y proyectos como Altropico y Ecogobtur.


Al igual que el Jambato, Atelopus coynei es un símbolo de esperanza. Tras fuertes declives a finales del siglo XX, se creyó perdido hasta su redescubrimiento en 2012 en las comunidades de Chinambí y San Jacinto. Hoy sigue estando En Peligro Crítico, con poblaciones muy pequeñas amenazadas por la expansión de prácticas agrícolas, contaminación de fuentes de agua con agroquímicos, tala, expansión de infraestructura, minería metálica, enfermedades, cambio climático y degradación del hábitat.


El festival demostró que proteger a esta pequeña rana es una tarea colaborativa, donde la ciencia, la cultura y la identidad local se convierten en un compromiso colectivo.


Un mensaje compartido desde los Andes: la conservación comienza con la comunidad


Desde sur a norte, desde Chordeleg hasta San Jacinto, pasando por la central Angamarca, estas celebraciones transmitieron un mensaje poderoso: la conservación de las ranas arlequín florece cuando las personas las reconocen como parte de sus historias, su creatividad y su orgullo.


Desfiles, música, poemas infantiles, artesanías, charlas científicas, comidas tradicionales, partidos de fútbol y caminatas por el bosque reforzaron un mensaje que va más allá de la biología: cuando las comunidades celebran a una especie, la protegen. Y cuando la protegen, la esperanza regresa a las montañas.


Los proyectos de conservación para estas especies cuentan con el apoyo de la Iniciativa de Supervivencia Atelopus mediante financiamiento de Re:wild, On the Edge, Milkywire y el respaldo adicional de Stiftung Artenschutz, el Zoológico de San Luis, entre otros.

 
 
 

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