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Celebraciones de esperanza: comunidades en Ecuador honran a sus ranas arlequín

  • Atelopus Survival Initiative
  • 5 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

Este abril, dos celebraciones reunieron a comunidades enteras para rendir homenaje a dos de las especies más emblemáticas del Ecuador: el Jambato (Atelopus ignescens) en Angamarca y el Jambato de Azuay (A. bomolochos) en Chordeleg, Cuenca. Con música, danza, comida, arte y las alegres voces de niños y niñas, estos eventos mostraron cuánto valoran las personas a las especies que comparten sus paisajes, y cómo la cultura y la conservación pueden avanzar de la mano.



Día del Jambato en Angamarca: un desfile para una leyenda de los Andes


El 25 de abril de 2025, las calles de Angamarca se llenaron de tambores, risas y más de 400 personas celebrando a una especie que alguna vez se creyó perdida para siempre. El Jambato, negro y amarillo como una brasa encendida, desapareció de los registros científicos durante casi tres décadas.


Su inesperado redescubrimiento en 2016 se convirtió en un símbolo de esperanza para Ecuador y para la conservación de anfibios en todo el mundo. Hoy, el Jambato vuelve a ser parte de la vida comunitaria, no como un habitante común de los páramos, sino como un recordatorio entrañable de resiliencia.


Una celebración enraizada en la comunidad

Alianza Jambato, miembro de la Iniciativa de Supervivencia Atelopus (ASI), organizó la celebración junto con los gobiernos locales, las escuelas y las propias comunidades. El día comenzó con un desfile vibrante encabezado por una banda local. Las niñas y los niños marcharon con orgullo por el pueblo llevando carteles pintados a mano y obras de arte inspiradas en el Jambato, mientras los adultos aplaudían desde las calles. Los colores del sapo, casi olvidados años atrás, aparecían por todas partes: en disfraces, máscaras, pancartas y pintura facial.


Tras el desfile, la comunidad se reunió en el auditorio local para un festival creativo. Las y los estudiantes cantaron, bailaron, recitaron poemas y presentaron dibujos dedicados a su “amigo negro y amarillo”. Cada presentación honró al Jambato no solo como un animal, sino como parte de su historia y su identidad cultural.



Más que un festival: construyendo un futuro para el Jambato

Un día antes de la celebración, conservacionistas, miembros de la comunidad, investigadores, representantes gubernamentales y autoridades locales participaron en un taller para construir el nuevo Plan de Acción para la Conservación de la especie.


La fecha no fue casual: las decisiones de conservación estaban siendo definidas con la comunidad, no aparte de ella. Juntos, el desfile y el taller reflejaron una verdad compartida: salvar al Jambato no es únicamente un esfuerzo científico, es un proceso cultural que depende del orgullo, la participación y la memoria local.


“Un canto por el Jambato del Azuay”: una feria cultural para Atelopus bomolochos


Apenas dos días después, el 27 de abril de 2025, otra celebración tuvo lugar en Chordeleg, Cuenca, esta vez dedicada al Jambato de Azuay (A. bomolochos), una joya verde esmeralda y dorada de los Andes del sur.


La Primera Feria Artesanal y Cultural “Un canto por el Jambato” recibió alrededor de 500 visitantes desde la mañana hasta la tarde. El evento fue organizado por los miembros de la ASI Fundación Amaru y Cordillera Tropical, con el apoyo de autoridades locales y organizaciones comunitarias.

 

Una feria que unió tradición, creatividad y conservación

Bajo coloridas carpas, 39 artesanos y emprendedores locales exhibieron productos que celebraban la identidad de la región y el encanto único del Jambato.


La feria presentó artesanías tradicionales—macanas tejidas en telar, joyería en filigrana, cerámica, sombreros de paja toquilla, pinturas, plantas ornamentales—junto con productos educativos como camisetas, buffs, stickers, máscaras, chocolates y sellos con la imagen de la especie. La gastronomía también estuvo presente: cervezas artesanales de edición especial, postres tradicionales y otros productos locales vincularon la comida con la biodiversidad y el desarrollo sostenible.


Durante todo el día, las familias disfrutaron de música en vivo, danzas folclóricas, ballet, juegos infantiles, concursos de pintura, charlas científicas, globoflexia y presentaciones artísticas. La feria se convirtió en un espacio donde las personas aprendieron sobre especies amenazadas, los artesanos fortalecieron sus medios de vida y las organizaciones de conservación ganaron nuevas aliadas en la comunidad.



Por qué esta feria importa

El Jambato de Azuay habita un rango altoandino muy restringido, y su supervivencia depende de la salud de los ríos, bosques y páramos. Al celebrar a la especie mediante el arte, la cultura y oportunidades económicas, el evento ayudó a posicionar a A. bomolochos como un ícono de identidad local, no solo como una especie en peligro.


La feria también fortaleció alianzas entre gobiernos, universidades, fundaciones y organizaciones comunitarias. Estas colaboraciones ya están convirtiéndose en la base de esfuerzos de conservación a largo plazo en la región.


Un mensaje compartido desde los Andes: la conservación comienza con la comunidad


Ambas celebraciones, una en Angamarca y otra en Chordeleg, revelaron la misma verdad poderosa: la conservación de las ranas arlequín florece cuando las comunidades las reconocen como parte de sus historias, su creatividad y su orgullo. Desfiles, música, poemas infantiles, artesanías ancestrales, charlas científicas, platos tradicionales… cada elemento reforzó un mensaje que trasciende la biología:


Cuando las comunidades celebran una especie, la protegen. Y cuando la protegen, la esperanza vuelve a las montañas.


Los proyectos de conservación de ambas especies cuentan con el apoyo de la Iniciativa de Supervivencia Atelopus, mediante financiamiento de Re:wild, On the Edge, Milkywire y el respaldo adicional de Stiftung Artenschutz, entre otros.

 
 
 

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